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domingo, 18 de marzo de 2012

La Dama de Shanghai en Astorga

"Once, off the hump of Brazil I saw the ocean so darkened with blood it was black, and the sun fainting away over the lip of the sky. We'd put in at Fortaleza, and a few of us had lines out for a bit of idle fishing. It was me who had the first strike. A shark it was. Then there was another, and another shark again, 'til all about the sea was made of sharks and more sharks still, and no water at all. My shark had torn himself from the hook, and the scent, or maybe the stain it was, and him bleeding his life away drove the rest of them mad. Then the beasts turn to eating each other. In their frenzy, they ate at themselves. You could feel the lust of murder like a wind stinging your eyes, and you could smell the death, reeking up out of the sea. I never saw anything worse... until this little picnic tonight. And you know, there wasn't one of them sharks in the whole crazy pack that survived."
Arthur Bannister suda, tirado en una hamaca. También lo hace su abogado, George Grisby, que está sentado junto a las botellas de bebida y las cubiteras con hielo, preparando cócteles. Bannister está ya borracho y juega a ser un borracho brutalmente honesto: "A George le encanta tener a Michael cerca, querida" -le dice a su esposa Elsa (Rita Hayworth), tumbada en un butacón a su lado- "Es tan grande y tan fuerte... pero está preocupado de que pueda estar enamorándose de ti, y de que eso me haga infeliz".
"Eres un estúpido, George, deberías darte cuenta de que no me importa que Michael se enamore de mi esposa. Él es joven, ella es joven; él es fuerte, ella hermosa..."
Está muerto de celos y hurgando gratuitamente en la herida, está revolcándose sudoroso en su barro y disfrutando mezquinamente de la situación. Bannister es poderoso y puede hacerles sufrir sin que se atrevan a llevarle la contraria: George está histriónicamente molesto, pero continúa mezclando cócteles; Elsa lo ignora fríamente desde su butacón.
El silencio es pastoso y oscuro como la sangre de los tiburones. Pero a Bannister no le llega la incomodidad, quiere pelea, puñetazos, quiere abochornar a los criados y regodearse en lo bajo que ha caído, así que manda llamar a Michael O'Hara (Orson Welles), el amante de su mujer. Trata de provocarlo para que lo ataque, pero O'Hara lo desprecia y dice, dirigéndose a los tres a la vez: "¿Así es como se divierten, todo el día sentados, insultándose los unos a los otros?".
Y hasta aquí parecería que se ha equivocado, pero después les cuenta la historia de los tiburones que se devoran entre ellos simplemente porque está en su naturaleza y no tienen la capacidad de parar; de la misma forma, Bannister no puede escapar a sus celos y a su crueldad y los otros no pueden huir de él. Todos están atrapados y sudan y beben incapaces de respirar.
Recuerdo esa escena de "La dama de Shanghai" mientras veo en "El Desencanto" a los hermanos Panero jugando a ser gratuitamente crueles y brutalmente honestos.
Como Bannister, los Panero son víctimas y verdugos, y se lanzan dentelladas cómplices para asustar a los espectadores mientras su madre los contempla desde un butacón, qué otra cosa podría hacer, atrapada como Elsa, aparentando frialdad mientras los mordiscos la desangran.

viernes, 15 de febrero de 2008

"La vida de los otros"

Estaba siendo perfecta. Estaba siendo una máquina de relojería precisa, una obra de ingeniería cinematográfica. Una película sutil y riquísima en pequeños detalles cuyo cuerpo mayor os voy a explicar, más que nada por las ganas que tengo de hablar de ella:
Se nos presenta a un frío y eficiente agente de la Stasi. En la primera escena de la película, enseña a unos jóvenes aspirantes a espías cómo interrogar a un sospechoso: defiende la privación de sueño como un método útil, da consejos extraños ("si grita es inocente, pero si llora es culpable") y, en fin, se comporta como un fanático perro de presa.
Este hombre tiene una cierta cota de poder y prestigio, provocada por su rango de capitán y por ser amigo de su superior (otro personaje muy bien planteado, un trepa cualquiera sin más talento que el de saber aparentar y aprovecharse de sus amigos, descrito de una manera quizás un tanto burda al principio, pero eficaz, en todo caso). Es perfectamente consciente de ello, y se siente cómodo: es alguien que sabe lo que se hace, y cómo se hace. Todo un hombre de aparato, en fin.
Sin embargo, fuera del trabajo, su vida es vacía e insípida. Vive en un socialista apartamento impersonal, no conoce más mujeres que las prostitutas que contrata de vez en cuando, cena arroz blanco con salsa de tomate mientras ve en la televisión lo bien que va la economía de la república, y se viste siempre, por cierto, con la misma cazadora gris, extrañamente informal. También es consciente de su forma de vida, y la amargura o la desazón que ello le provoca es lo que hace que, al comienzo de la historia, se decida a espiar a un dramaturgo de éxito que sale con la actriz más famosa del país, un bohemio, un triunfador, todo lo opuesto a él, en definitiva.
Pese a que la película camufla esta decisión como un ejemplo de su instinto policial lo cierto es que sólo está provocada por las pasiones: por la envidia del policía (quizás incluso por su deseo de ver desnuda a la actriz), y por la avaricia de sus superiores.
Y este acto pasional se ve continuado por otro, un momento clave de la película, en el que el espía, dueño y señor de monitores y micrófonos, se siente tan seguro, tan omnisciente, que decide bajar a la arena y cambiar la vida de los otros. A la larga sus actos hacen que el dramaturgo, que vivía abotargado por su éxito personal, gane conciencia y madure, convirtiéndose así en el enemigo que el Estado quería ver en él. Sin embargo, tambén hacen que el vigilante comience a empatizar con su vigilado (este proceso está narrado de una manera bastante sutil, desde mi punto de vista).
En fin, a partir de ahí nada es frío, ni calculado, todo es humano y pasional sin ambages, y todo se va acelerando y complicando hasta llegar a un clímax en el que mágicamente, con un golpe de guión genial, aunque un tanto artificioso, todo se cierra.
Si la película hubiese acabado en el plano del periódico con un Gorbachov sonriente al llegar al poder, o incluso en el que, al caer el muro de Berlín, el eficaz espía sale de su trabajo ya inexistente rumbo a un futuro imposible, entonces habría sido redonda. Perfecta, ingeniería cinematográfica alemana.
Pero se alarga innecesariamente: se nota que el deseo del director es que veamos colocados a sus personajes para así poder irnos tranquilos. Juega con el encuentro aplazado de los dos protagonistas, pero tampoco parece saber cómo resolverlo. El final que elige es para mí falso, y me deja buen sabor de boca.
Pero bueno, eso es sólo el último cuarto de hora. E incluso los coche alemanes acaban por estropearse, al final.

"Salvador (Puig Antich)"


Uno vuelve del cine, tras ver Salvador, admirado del arrojo, de la valentía con la que aquella generación luchó por la democracia y la libertad, vuelve inflado de grandes ideales, lleno de un espíritu anarquista.
Vuelve y se encuentra su casa vacía, la puerta del salón abierta y la luz encendida y tentadora, que ya es escenografía. Así que, casi por cumplir, se sienta en el sofá y enciende la televisón. Sólo un segundo después recuperará la lucidez, y la apagará, pero será ya demasiado tarde porque durante ese segundo, habrá aparecido en la pantalla el culo de la cantante de los Black Eyed Peas, bailando en un videoclip en la MTV.
Y así, con ese fotograma de un culo, le da por pensar que le ha tocado vivir en un tiempo bien vacío de significado, y entonces siente una cierta repulsa de sí mismo. Lo siguiente que piensa es que es triste haber sacrificado una generación entera de jóvenes para conseguir que nosotros estemos como estamos ahora, y que estemos así.
Después, uno piensa que ha caído en un enorme lugar común. Piensa en ese director cincuentón que probablemente tampoco hizo la revolución, filmando esa película para honrar un movimiento al que no perteneció. Lo ve frotarse las manos, pensando en cuánta gente caerá en su trampa hagiográfica, y no puede menos que protestarse a sí mismo por haber caído.
Y entonces, sabiendo que es un perfecto hijo de su tiempo; que ha nacido en la democracia; que su padre tenía 14 años y corría entre las vacas cuando Franco murió, desiste de considerar como mejor cualquier tiempo pasado, pero sin embargo no puede si no echarse las manos a la cabeza por la sociedad en la que le ha tocado vivir, por el borreguismo, y la estupidez, y la frivolidad...
Y mientras se le siguen ocurriendo sinónimos, sacude la cabeza cansado como si ya hubiera dado gran batalla, y vuelve a encender la televisión, para mirarle el culo a la de los Black Eyed Peas.

TCM

Allida Valli camina en el centro del encuadre por el medio de una calle bordeada de árboles cuyas hojas agita el viento, y, durante medio minuto, mientras algunos dientes de león caen, bailando, distraídos, Joseph Cotten la espera, fumando apoyado en una carreta, al margen izquierdo de la calle, rompiendo limpiamente la simetría de la escena...
En fin, títulos de crédito, y, tras una pausa publicitaria (larga, por cierto), de nuevo créditos, esta vez de comienzo: Charlton Heston, Orson Welles, Marlene Dietrich, en una película de Orson Welles...
Se ve una bomba. Unas manos que la programan. Es un chico. A lo lejos, caminan dos figuras. El joven corre a poner la bomba en el maletero de un coche, e, instantes después, las dos figuas se suben en él, y se ponen en marcha. Después, durante dos minutos largos, la cámara sigue al coche a través de pasos de peatones y señales de STOP por las calles de un animado pueblo fronterizo, siguiendo en ocasiones también a una feliz pareja que , una y otra vez, de una manera macabra, se acercan y alejan de la bomba.
Dos planos: el largo plano fijo final de "El tercer hombre", y el plano secuencia inicial de "Sed de mal", en apenas diez minutos. Me encanta el canal TCM, la verdad. Y me encanta el cine. Y Orson Welles, coño.

"Brokeback Mountain"


Tengo la teoría de que el rodeo debe de ser visto, entre los vaqueros reales de verdad que alguna vez tienen que montar reses salvajes para domarlas o trasquilarlas, casi como un insulto, un entretenimiento estúpido de camisas satinadas y flecos. Según esta teoría, los vaqueros de rodeo serán mirados de reojo, aproximadamente como los payasos de circo, o los aspirantes a escritor, con el punto de lástima que a todos nos inspira aquel que no vive con los pies en el suelo.
Sea o no sea cierta esa apreciación, en todo caso sólo es un matiz secundario que sólo añadiría más patetismo al perfil del personaje de Jack Twist.
Porque de joven, Jack Twist es un aspirante a vaquero de rodeos que sólo participa en eventos de poca monta, así que eventualmente tiene que hacer de pastor de ovejas para ganarse la vida (ni siquiera de vacas, por cierto, de ovejas).
Cuando crece, comoquiera que el padre de su esposa (con la que se casa por accidente) es un distribuidor de maquinaria agrícola, Jack Twist deja atrás su sueño juvenil del rodeo, y se convierte en vendedor de tractores. Se deja un bigote ridículo, y viste con camisa y pantalones vaqueros siempre y usa gorro y una de esas corbatas de vaquero, aunque su trabajo es el de un oficinista.
Durante toda su vida, hasta que acaba muerto en una cuneta cualquiera, Jack Twist es un chiste andante, un  vaquero de pacotilla, un payaso de rodeo, un feriante. No es respetado ni en su casa: el suegro, que le paga todo, lo chulea como a un empleado más; la mujer lo odia, el hijo no lo aguanta...
Jack Twist es un hombre ridículo que se comporta con la serenidad de ser plenamete consciente de su ridiculez. Es un hombre al que la vida le tiene una cuenta pendiente, porque él, después de todo, siempre se dejó dirigir, apaciblemente y sin protestar; ha cumplido su parte del trato, y se siente defraudado.
Pues bien, por la sutil pero nítida, dura y a la vez cariñosa creación del personaje de Jack Twist es por lo que, según acabo de dictaminar mientras iba improvisando esto, me gusta "Brokeback Mountain", película que finalmente tampoco es más que una historia triste de amor, con lo poco que me gustan...

"Ghost world"


He vuelto a caer, es tan sencillo como eso; me ha vuelto a pasar, de nuevo he visto una película de inadaptados, y me he sentido identificado con ellos. A lo largo de las películas, la lista de personajes con los que me ha ocurrido esto es larga y rara, bendita sea: abarca desde un enano ("The station agent"), hasta un aspirante a actor con problemas psiquiátricos ("Algo en común") y un técnico en borrado de la memoria ("The eternal sunshine of the spotless mind"), por dar sólo los casos que se me vienen a la cabeza. Todos, más o menos, vienen de películas americanas inteligentes y medianamente pequeñas y simpáticas, películas sin la menor trascendencia a las que sin embargo me lanzo con pasión, intentando encontrarlos a ellos.
Son mi personaje fetiche: raros pero con estilo, cínicos y mordaces, inteligentes, ariscos... Un estereotipo, una trampa cualquiera del guión, lo sé, pero también exactamente aquello que busco, así que caigo una y otra vez, y después me quedo conforme y a gusto, y no me quejo
En todo caso, desde hace unos días, mi lista también incluye a Enid y a Rebecca, dos amigas que acaban de terminar el instituto y no tienen muy claro qué hacer con sus vidas, y mientras se lo piensan, pierden bastante el tiempo. Bueno, una se enamora, la otra busca trabajo y se hace responsable, sus vidas toman caminos distintos... en fin, nada nuevo bajo el sol.
Y sin embargo la película me encanta. Pero me gusta porque me da lo que le pido, me da un mundo fantasmal casi invisible, apenas por debajo de la coraza brillante de alguna pequeña ciudad americana prototípica, un mundo poblado de fracasados, de incomprendidos, de tristes oficinistas melómanos, y  ancianos que esperan un bus que nunca llega.
Me identifico con todos los personajes, a todos los entiendo y los aprecio, y con todos empatizo. En fin, una vez más he caído. Me reconozco débil. Por ello, pese a no contar una historia tremendamente original (¿cuál lo es, después de todo?), la película me ha gustado. Y le gustará a todos aquellos que tengan el mismo fetiche que yo. Lo dicho: es tan sencillo como eso.

"La vida es un milagro"

"La vida es un milagro" asusta durante la primera hora por exagerada, vodevilesca y esperpéntica, consigue mantener la atención (la mía al menos) gracias a dos factores: por una parte, ciertas pinceladas del guión, como la historia de la mula suicida (en el medio de un marasmo sin sentido de fiestas orgiásticas, borracheras y fútbol); y por otra, y sobre todo, por la música, que te mantiene sentado y atento y aún con una media sonrisa en la boca, de algún modo confiado en que la chispa acabará por surgir.
Y de repente aparece ella, obrando el milagro del título. Ella (Natasa Solak), maravillosa joven rubia de sonrisa fácil, hace que todo encaje, tanto en la vida del protagonista como en la película misma. Llena con su presencia las dos horas finales, que pasan limpias, llenas de sonrisas simpáticas, amor sincero, poesía extraña, y música preciosa, además.


"Familia rodante"

"Familia rodante" es una película coral que utiliza el viaje de una familia entera (abuela, hijas, yernos, nietos, bisnieta, una amiga de una de las nietas, y el novio de otra) en una caravana, para narrar multitud de pequeñas historias (un hombre acosando a su cuñada, una joven y su ¿violento? marido, el triángulo amoroso entre dos de los nietos y una amiga...)
Para mí, cae en el gran peligro de las películas corales: las historias están poco desarrolladas, se quedan en apenas unos rasgos y éstos no son muy originales (el amor adolescente parece sacado de una serie española). Tambien es cierto que no era el tipo de película que me esperaba (es argentina, yo creía que iba a ver "El hijo de la novia II"), y que ya llevo demasiadas películas a cuestas, así que tengo que ser maniqueo y todo lo que no sean verdaderas maravillas se me antojarán simplemente pasables.
Así pues, como siempre os advierto, no me toméis muy en serio. Pero me ha parecido bastante mediocre

"El secreto de Vera Drake"


Quizá fue porque vi la película sin gafas, quizá porque era en versión original, y uno, aunque presume de tener quinto de la Escuela Oficial de Idiomas, se siente más seguro leyendo los subtítulos (tengo la teoría de que el kurdo es igual que el islandés, pero creo que no es momento de explicarla); pero debo confesar que, hacia el final de la película, una pequeña y poco importante lágrimilla despistada se me cayó del ojo izquierdo.
Veía venir "Vera Drake", la tenía marcada en el calendario, como un nuevo duelo a mi moral, tras "La Dama de Honor", pues narra la historia de una madre que en sus ratos libres practicaba abortos. De hecho, la frase promocional es "Madre. Esposa. Asesina"
Sin embargo, la posición en contra del aborto está tan mal defendida (apenas tres frases del hijo mayor, que quiere demasiado a su madre como para decirle lo que piensa tan duramente como querría; y de la cuñada, que es, a la postre, el personaje más antipático de la película), y Vera Drake parece tan buena, y se empatiza tanto con ella, que la película se ve reducida a un dramón sobre una mujer castigada injustamente, la historia de alguien muy bueno a quien le pasa algo muy malo.
Además, me ha parecido que las tramas secundarias, como la relación entre el marido y su cuñado, o su bendito yerno, están muy poco desarrolladas, que daban para más, y que la película se centra mucho en Vera Drake.
Bien, esa es toda la crítica negativa que se le puede hacer (con el añadido de que estos aspectos negativos que encuentro son muy probablemente pretendidos por el propio guionista), pero también hay que decir que, en su limitación, "Vera Drake" emociona.
Sobre todo Imelda Staunton, la protagonista, a quien se le cae el mundo a los pies al darse cuenta de que le arruína la comida de navidad a su familia, a quien destroza el hecho de que una de las chicas a las que "ayudaba" (en inglés usan el phasal "help out": es incluso gráfico) estuviese a punto de morir, a quien le da miedo el sonido de la maza del juez, cayendo tras dictar éste la sentencia de la fianza...
Bien, esto es lo que me ha parecido a mí; si la véis vosotros, más reposadamente, en casa y tal, quizá le encontréis mil matices más, pero lo que sí es seguro que encontraréis en ella es un drama que os va a emocionar.

"Kitchen stories"

"Kitchen Stories" es una gozada.

Esta tendría que ser la conclusión final del texto, o incluso el clímax narrativo si me hubiese venido un ataque de inspiración, pero he preferido colocarla al principio, porque es lo más importante que voy a decir (salvo ataque de inspiración, poco probable). Una vez he dejado clara esta idea, vuelvo sobre mis pasos al que debería ser el principio del texto:
Existen algunas películas (por ejemplo las de Aki Kaurismäki, de quien recomiendo "Un hombre sin pasado"), que se basan casi sólamente en la sencillez de sus personajes, en el sinsentido de lo cotidiano. Caminan por una línea delgada, y pueden aburrir al espectador cuando dan exactamente lo que prometen y realmente no pasa nada (como "Whisky", que huele a naftalina), pero cuando salen bien, son mi tipo de película favorito.
En fin, "Kitchen Stories" nos lleva a un pequeño pueblo de Noruega, donde la eminente Sociedad Nacional Sueca de Ciencia Doméstica (Escrito Así, Con Muchas Mayúsculas) va a realizar un estudio sobre los movimientos de los hombres solteros noruegos en la cocina, a fin de optimizar esfuerzos, racionalizar recursos y, con la necesaria experiencia empírica, implementar una reorganización del mobiliario de las habitaciones. Sinergia.
(Aclaro que la palabra sinergia sobra completamente, lo que la SNSCD pretende es diseñar cocinas eficientes. Pero me parecía que un párrafo de charlatanería empresarial de esa quedaba cojo sin mencionar la palabra sinergia. Continuemos, en todo caso).
Para tal fin, quince observadores suecos (iguales) viajan a Noruega en sus quince coches iguales, arrastrando sus quince caravanas iguales, dispuestos a la labor de, sentados en unas sillas de umpire, anotar meticulosamente los movimientos de cada uno de los quince solteros que se presentaron voluntarios al experimento.
No pueden entrar en otra habitación de la casa que no sea la cocina para no inmiscuírse en la intimidad del soltero, pero tienen que poder entrar en ella en cualquier momento para conducir su experimento con libertad, aunque es estrictamente necesario que hagan su vida en la caravana, a fin de no interferir en la objetividad del mismo, y por ese motivo tampoco, bajo ningún concepto, pueden hablar con los objetos a estudio...
Bueno, como podéis imaginar, de esa lista de prohibiciones a las borracheras, las discusiones sobre energía nuclear y patatas o sobre la importancia mercantil de la pimienta, y la sinergia en general, hay sólo un paso.
La ventolera ha sido pequeñita, pero me arrepiento de haber metido la palabra sinergia con calzador. En todo caso,  lo importante ya lo había dicho al principio.

"Las tortugas también vuelan"


Habitualmente, las películas iraníes o irakíes son pseudo-documentales que cumplen una función de denuncia de injusticias, pero que no sirven para otra cosa que asustarse, o conmoverse, o cargarse de razón, y no tienen entidad como películas.
Hasta ahora, había supuesto que tenía cierto sentido, que la preocupación por los diálogos, la fotografía y esos conceptos estilísticos es propia de... en fin, de sociedades más acomodadas, no sé cómo decirlo de una manera políticamente correcta.
Sin embargo, "Las tortugas..." me ha demostrado que estaba equivocado, al menos al generalizar. Porque ésta tiene un gran argumento, cuenta una historia que trasciende al contexto en el que se sitúa, y la cuenta bien: se articula en torno a una chica que tiene que convivir con su hijo bastardo, producto de una violación, y que supera esa carga con enorme rabia y tristeza, huyendo del mundo y de todos los que pretenden ayudarla.
Narra también las historias de dos héroes inesperados, que tienen que asumir responsabilidades que no deberían corresponderles a ellos, y trata, en definitiva, de la dignidad en la lucha contra un mundo adverso.
La crítica existe, pero no tiene especial relevancia: no está presente en discursos panfletarios, no se muestran imágenes de gran crueldad... Aparece de una manera más subterránea, pero demoledora: todos los protagonistas son niños, con miedos de niños, y lloros y bromas de niños, moviéndose entre restos de tanques vacíos, minas olvidadas, y casquillos de balas disparados entre adultos, adultos que ya no están.

"La dama de honor"


Cuando volvíamos del cine, mi padre empezó a exponerme una idea suya, explicándose tan mal como pudo (en eso nos parecemos): piensa que hay películas que te hacen mejor, y películas, o libros, o historias, que te vuelven peor. (Bueno, la idea no era tan simple, pero ya digo que me suelo explicar mal). El caso es que cuando sales del cine de ver "La dama de honor" estás más asqueado de la vida, más temeroso, más desconfiado.
A la película, basada en una novela de Ruth Rendell, se le nota la herencia directa de Patricia Highsmith, sobre todo en su intención (lograda) de perturbar, de hacer entrar la amoralidad del criminal por una rendija cualquiera de la vida cotidiana.
La película narra la relación entre un jove formal, trabajador, responsable hermano mayor, con una extraña chica (magnética Laura Smet, más guapa a cada plano que pasa).
Él la deja hablar mientras la observa, la deja mecerlo, hipnotizarlo, va simpre un paso por detrás. Por eso cuando ella le pide que mate a alguien como muestra de amor lo deja tan turbado. Tan turbado como a nosotros, que la hemos observado mientras hablaba, que le hemos dejado mecernos, hipnotizarnos, que fuimos siempre un paso por detrás.


"Whisky"


"Whisky" es un armario que lleva cerrado mucho tiempo. Huele a viejo, a naftalina y a humedad. Es una película triste, es una fábrica destartalada, un coche que no arranca y un hombre amargado. No me gusta.

"Hierro 3"


"Hierro 3" es una película silenciosa. Una película de actos, de gestos, de sonrisas muy escondidas. De gente callada.
Por explicar la historia, os digo que él entra en casas vacías no para robar, sino para dormir en ellas, ver la televisión y jugar un poco a inventarse otra vida. Como compensación, intenta reparar cualquier cosa que vea estropeada, recoge, riega las plantas o lava a mano la ropa.
Ella, por su parte, vive en una de esas casas vacías. Y no la llena, no hace que deje de estar vacía. Es casi una sombra de chica, callada, inexpresiva, muy triste, muy poca cosa. Él, que vive de no ser visto, de no existir tampoco, se compadece de ella y se enamora.
Para estar con ella, que es una sombra, el protagonista acaba asumiendo la decisión de convertirse en un fantasma, un susurro de ropa rozándose, un leve sonido de pasos, una sombra él tambien. Acaso un enamorado que sólo se muestra a su amada, acaso una historia de amor oculto, o acaso sólo un sueño en la mente de la chica. Quién sabe.

"El señor Ibrahim y las flores del Corán"


¿La conocéis? Es una pelicula pequeñita, francesa, del año pasado. Narra la amistad de un chaval judío y más o menos huérfano con un viejo tendero árabe, el señor Ibrahim del título.
Bien, digo que es sencilla y cercana, y lo digo teniendo en cuenta que eso, para mí es tanto bueno (pues provoca sencillas y cercanas sonrisas de complicidad con mucha facilidad, sobre todo cuendo se centra en el pequeño intramundo del barrio), como malo, porque al fin y al cabo no cuenta ninguna gran historia, ninguna gran hazaña, y además, en mi caso, la película falla en su intención de que me crea el último viaje a Turquía como un viaje iniciático, como un trásito hacia la madurez, o algo así... Como es el final, la pelicula se me queda con este regusto, se me queda truncada, perdida en un territorio intermedio.
Está basada en un libro, que creo que se llama igual, y que imagino largo, denso y maravilloso, y creo es una adaptación buena pero incompleta, supongo que había que ajustar al tiempo de la película: chirrian algunas conversaciones, faltan algunas explicaciones.
Podría seguir sacándole defectos, soy bueno es esto, puedo ser muy puntilloso cuando quiero. Pero la verdad es que os la recomiendo, que me gustaría que la viese todo el mundo, así que ahora, si me permitís el truco, voy a hablaros bien de ella para que os quedéis... con un buen regusto
Puedo deciros que me encantaría conocer al señor Ibrahim, y dejarle hablar y explicarme su Corán. Y a las prostitutas. Y me encantaría conducir el coche que conducen, vivir en el barrio que viven, oír la música que oyen, hacer el viaje que hacen (no es un viaje hacia la madurez, pero ¿eso que me importa?). En definitiva, que les tengo envidia a los protagonistas, porque los veo mucho más sabios, más felices e incluso mejores personas que yo
Me quedo, de toda la película, con un juego:
Momo lleva los ojos vendados y el señor Ibrahim lo va guiando por Estambul, entrando en diferentes templos:
- Huele... ¡a incienso!
- Muy bien, Momo, tienes razón: es un templo ortodoxo
¿Y ahora? Dime a que te huele ahora
- A cera
- Sí, claro que huele a cera: estamos en una iglesia católica
Y dime, Momo, ahora, ¿que notas?
-¡Qué asco, huele a pies!