domingo, 26 de diciembre de 2010

De librerías por Santiago


Saquei un par de fotos de cousas que me chamaron a atención; cólgoas aquí porque non sei qué facer con elas (nin co blog, francamente)
A primeira está colocada encima da porta da librería Follas Novas: é un extracto de 2666, de Roberto Bolaño. Non se ve en absoluto pero é a páxina 241, e hai unha frase destacada en rojo:

"Buscó en la primera página y en la última y en la contraportada alguna señal y encontró, en la primera página, la etiqueta cortada de la librería Follas Novas, S.L., Montero Ríos 37, teléfonos 981-59-44-06 y 981-59-44-18, Santiago"
Cánto mola que te cite Bolaño, sobre todo en 2666. Aínda que seña na parte de Amalfitano.
Por certo, o Testamento Geométrico de Dieste (que era o libro que tiña a etiqueta cortada de Follas Novas) téñoi na casa desde fai anos. Acordome de oírlle a meu pai que estaba moi orgulloso de coñecelo, porque moita xente de letras tería e incluso estudiaría ou reverenciaría e faría moita festa cos demáis libros de Dieste, pero éste era un secreto casi seu, de matemática pura. Hasta que saliu en 2666, claro.

A segunda foto, sacada no escapatare da Abraxas, é unha pegatina na portada de "Papeles inesperados" de Cortázar (¿chamábase así?), unha recopilación de relatos e descartes doutros libros publicada en 2008
A historia coa que vende-lo libro estaba clara: relatos inéditos atopados nalgún desván vintepico anos despois da morte do autor, xoias perdidas e reecontradas (de ahí o seu nome); e supoño que funcionou razonablemente ben, dado que agotaron dúas edicións en pouco máis dun ano.
Claro que agora deberían buscarse outra.



miércoles, 1 de diciembre de 2010

De buena fe

Lo peor del asunto es que no hay ninguna mano negra a la que culpar. Si tu madre (o tal vez tu profesora de párvulos) te contó la historia de Pedro y el Lobo fue simplemente porque ella la había oído también en su momento y parecía una buena manera de explicarte que las mentiras son malas.
Así que te la contó, y al final Pedro moría ante la desidia de sus vecinos, que se habían reído de él, y la muerte de Pedro el mártir los dejaba consternados, con la sonrisa helada y llenos de remordimientos.
Tu madre (y también tu profesora de párvulos) ya lo habían asumido desde muy jóvenes así que al contártelo no se dieron ni cuenta, pero fue entonces cuando tú empezaste a aprenderlo:
Que no hay que pasarse de listo, que no hay que ser suspicaz ni fiarse; que hay que esperar en fila a pasar de uno en uno por el arco magnético y llevar botes de menos de 50 cl. porque tú eres bueno, pero el que va detrás de ti en la fila, o tal vez tu profesora de párvulos, puede ser el lobo.