- Hoy me sentí proletario.
- ¿Cómo...? ¿Cómo puedes cambiar tanto de tema?
- Me sentí proletario, sentí de repente un instante de orgullo obrero.
No sé por qué, pero hay ciertos momentos de mi vida que recuerdo como si fuesen secuencias de una película, y que ni siquiera sé por qué los retuve en su momento pero ahora, cada vez que pienso en una etapa de mi vida, me vienen siempre a la cabeza, y no sé, siento como si las resumiesen o fuesen... representativas. Por ejemplo, para mí pensar en los dos años que pasé en la residencia me recuerda un día que estaba... bueno, iba a freír patatas o algo así, y estaba pelándolas, complétamente... debruzado contra el cubo de la basura, y concentrado en que todas las mondas cayesen dentro, y mirando fijamente a la basura porque en la habitación también estaba Jose, y estaba tirado en la cama, y se estaba tirando a su novia. No estaba tirándosela, estaba liándose con ella, pero el caso es que yo me concentraba en el cubo y en las mondas porque al lado estaba Jose el ingeniero perfecto con su vida perfecta y práctica y sin problemas y su novia que era estúpida pero perfecta para lo que Jose la quería, porque lo único que le importaba era que estuviese buena... Y pasé como diez minutos así, te lo juro, no voy a ser tan exagerado de decirte que recuerdo exactamente qué era lo que había dentro del cubo, ni de decirte que me... veía a mí mismo desde fuera... Pero sí, estaba al lado de la ventana y la luz estaba encendida, y yo pensaba: "La gente me ve desde fuera, hay alguien que pasa por debajo de la habitación y me está viendo", casi arrodillado y muy concentrado en que las mondas cayesen dentro de la bolsa... Porque la bolsa estaba dentro del cubo, pero no rodeándolo, ¿comprendes?, así que estaba medio cerrada, y para mi Rialta es aquello, aquel cubo de basura, los dos años que viví con Jose son aquello... ¿lo entiendes?
- ...
- Y hoy, limpiando el váter mientras Miguel tocaba el piano en su habitación, ¿sabes? pensé que por mucho que lleven toda la vida diciéndome que soy muy inteligente, y por mucho que todas las películas me digan que tengo talento; y me lo dicen, porque los protagonistas de las películas son gente genial sólo porque el guionista le manda a alguien decir: "Cuánto talento tienes, qué inteligente eres", pero en realidad nunca demuestran nada, son sólo cáscaras vacías para que nosotros podamos sentir que somos mejores que ellos y por tanto también nosotros tenemos talento. Pero el talento de verdad es tocar el piano como lo toca... y no me refiero a que lo haga bien o mal, que no tengo ni idea, si no a que lo toca leyendo de un libreto que tiene la portada en cirilico, y es del conservatorio de Leningrado, o de Stalingrado... eso es el talento.
- ¿Y lo de sentirse proletario?
- Y si lo piensas son momentos simétricos, son momentos en los que de repente me choco violentamente contra la genialidad de alguien, genuina, y me siento tan sobrepasado por lo bien que toca el piano Miguel o en el caso de Jose por su manera de vivir fácil y sin dudas y de tener la vida que se supone que todos queremos tener, que me doy cuenta de que la única manera de comportarse dignamente es eso, ser un proletario, un obrero, y dejarlo todo limpio y no molestar y tirar las mondas de las patatas dentro del cubo.
Te juro que hoy limpiando el váter me sentí estajanovista y sentí que el trabajo me dignificaba y que el trabajo me haría libre, y me sentí orgulloso de hacer cosas con las manos, y me he tirado cerca de dos horas frotando, que es ridículo lo reluciente y brillante que lo dejé, porque al fin y al cabo es el váter, pero estuve dos horas y no me dio tiempo de acabar porque había quedado contigo y me tuve que venir corriendo para acá.
- ¿Cómo...? ¿Cómo puedes cambiar tanto de tema?
- Me sentí proletario, sentí de repente un instante de orgullo obrero.
No sé por qué, pero hay ciertos momentos de mi vida que recuerdo como si fuesen secuencias de una película, y que ni siquiera sé por qué los retuve en su momento pero ahora, cada vez que pienso en una etapa de mi vida, me vienen siempre a la cabeza, y no sé, siento como si las resumiesen o fuesen... representativas. Por ejemplo, para mí pensar en los dos años que pasé en la residencia me recuerda un día que estaba... bueno, iba a freír patatas o algo así, y estaba pelándolas, complétamente... debruzado contra el cubo de la basura, y concentrado en que todas las mondas cayesen dentro, y mirando fijamente a la basura porque en la habitación también estaba Jose, y estaba tirado en la cama, y se estaba tirando a su novia. No estaba tirándosela, estaba liándose con ella, pero el caso es que yo me concentraba en el cubo y en las mondas porque al lado estaba Jose el ingeniero perfecto con su vida perfecta y práctica y sin problemas y su novia que era estúpida pero perfecta para lo que Jose la quería, porque lo único que le importaba era que estuviese buena... Y pasé como diez minutos así, te lo juro, no voy a ser tan exagerado de decirte que recuerdo exactamente qué era lo que había dentro del cubo, ni de decirte que me... veía a mí mismo desde fuera... Pero sí, estaba al lado de la ventana y la luz estaba encendida, y yo pensaba: "La gente me ve desde fuera, hay alguien que pasa por debajo de la habitación y me está viendo", casi arrodillado y muy concentrado en que las mondas cayesen dentro de la bolsa... Porque la bolsa estaba dentro del cubo, pero no rodeándolo, ¿comprendes?, así que estaba medio cerrada, y para mi Rialta es aquello, aquel cubo de basura, los dos años que viví con Jose son aquello... ¿lo entiendes?
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- Y hoy, limpiando el váter mientras Miguel tocaba el piano en su habitación, ¿sabes? pensé que por mucho que lleven toda la vida diciéndome que soy muy inteligente, y por mucho que todas las películas me digan que tengo talento; y me lo dicen, porque los protagonistas de las películas son gente genial sólo porque el guionista le manda a alguien decir: "Cuánto talento tienes, qué inteligente eres", pero en realidad nunca demuestran nada, son sólo cáscaras vacías para que nosotros podamos sentir que somos mejores que ellos y por tanto también nosotros tenemos talento. Pero el talento de verdad es tocar el piano como lo toca... y no me refiero a que lo haga bien o mal, que no tengo ni idea, si no a que lo toca leyendo de un libreto que tiene la portada en cirilico, y es del conservatorio de Leningrado, o de Stalingrado... eso es el talento.
- ¿Y lo de sentirse proletario?
- Y si lo piensas son momentos simétricos, son momentos en los que de repente me choco violentamente contra la genialidad de alguien, genuina, y me siento tan sobrepasado por lo bien que toca el piano Miguel o en el caso de Jose por su manera de vivir fácil y sin dudas y de tener la vida que se supone que todos queremos tener, que me doy cuenta de que la única manera de comportarse dignamente es eso, ser un proletario, un obrero, y dejarlo todo limpio y no molestar y tirar las mondas de las patatas dentro del cubo.
Te juro que hoy limpiando el váter me sentí estajanovista y sentí que el trabajo me dignificaba y que el trabajo me haría libre, y me sentí orgulloso de hacer cosas con las manos, y me he tirado cerca de dos horas frotando, que es ridículo lo reluciente y brillante que lo dejé, porque al fin y al cabo es el váter, pero estuve dos horas y no me dio tiempo de acabar porque había quedado contigo y me tuve que venir corriendo para acá.